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PHAGMA DRÖLMA ONG es miembro activo de la Red Internacional del TÍBET

Cooperación

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Cooperación

 

El deseo más profundo de la ONG Phagma DRÖLMA es cooperar con las comunidades tibetanas que viven en el Tíbet Ocupado. Igual de profunda es la necesidad de los tibetanos de recibir el apoyo, la colaboración y el acompañamiento solidario de la comunidad internacional.

Sin embargo, la durísima represión, el aislamiento, la censura y la amenaza constante del gobierno chino impiden la colaboración entre las comunidades tibetanas y las organizaciones que osen condenar o criticar públicamente la política del gobierno chino, puesto que pondría en peligro la seguridad personal, e incluso la vida de aquellos tibetanos involucrados en la cooperación.

No obstante, las puertas están abiertas para llevar la solidaridad hasta los campamentos de refugiados tibetanos de India y Nepal, y es hasta allí justamente donde llegan el abrazo solidario y los proyectos de cooperación de la ONG Phagma DRÖLMA.

 

¿Cuál es el perfil de las personas que huyen del Tíbet? Por un lado encontramos a niñas y niños, enviados por sus familias que desean que sus hijos sean educados en base a la cultura tibetana, ya que en el Tíbet ocupado su cultura está en peligro de extinción. Por otro lado están las monjas y los monjes budistas, que por negarse a renegar del Dalai Lama o reivindicar la libertad de culto han sufrido penas de cárcel y posteriormente han sido expulsados de los monasterios por las autoridades chinas. Y finalmente, encontramos a mujeres y hombres, estudiantes, nómadas o del ámbito del arte y la cultura,  que han sido represaliados políticamente por haber reivindicado públicamente la libertad para su pueblo, el retorno de los exiliados y el regreso del Dalai Lama. La gran mayoría de ellos han pasado por cárceles chinas y han sufrido las torturas más inhumanas que uno jamás pudiera imaginar.

 

 

Los proyectos de cooperación apoyados y participados por la ONG Phagma DRÖLMA persiguen siempre el deseo de alcanzar el desarrollo humano, equitativo, sostenible y endógeno de la población tibetana refugiada, hasta que ésta pueda regresar a su tierra.

 

El exilio y los asentamientos de refugiados tibetanos en la India

En 1959, el entonces líder político y espiritual del Tíbet, S.S. el 14º Dalai Lama se refugió en la India, seguido de miles de tibetanos que huían de la invasión china y el genocidio que arrasó con una sexta parte de la población, más de un millón víctimas.

Hoy en día la mayoría de la población tibetana refugiada en Asia vive en India (aproximadamente 125.000), 60.000 en Nepal, y 4.000 en Bután. La sede del Gobierno Tibetano en el Exilio se ubica en DHaramsala, en el estado de Himachal Pradesh, a los pies del Himalaya indio, y también es aquí donde encontramos el hogar del Dalai Lama, el Parlamento, la Comisión Superior de Justicia, la Biblioteca de Archivos y Obras Tibetanas, el Instituto de Medicina Tibetana y Astrología, el Instituto de Artes Escénicas Tibetanas y las principales ONG tibetanas que vertebran esta peculiar sociedad.

Desde los primeros años del exilio, en lo referente a la organización y gestión interna de los asentamientos, el gobierno indio ha concedido total autonomía administrativa al Gobierno Tibetano en el exilio, quedando así el bienestar social de la población refugiada bajo la responsabilidad de este gobierno.

En la India existen más de 30 asentamientos, dispersos por todo el subcontinente. Entre algunos de estos asentamientos hay una distancia de separación de más de 3.000 kms y 46 hs de carretera en línea recta. Esta dispersión dispara el gasto social, aleja el sentimiento de unión y pertenencia a una única sociedad, y dificulta los procesos socio-políticos hacia una ciudadanía plena, dentro del particular contexto del exilio. En definitiva, es un verdadero obstáculo para el desarrollo de la comunidad tibetana.

La organización en el interior de los asentamientos se diseñó siguiendo un patrón idéntico, y el gobierno tibetano ha intentado garantizar en todos ellos los mismos servicios. También encontramos los mismos agentes sociales: viviendas, escuelas, clínicas, cooperativas, residencias de ancianos, monasterios budistas, mercados, oenegés locales, asambleas locales, líderes y lideresas de los campamentos, y representantes oficiales, siendo estos últimos el enlace directo con el gobierno tibetano.

Si bien hasta los años 90 estos asentamientos han sido medianamente autosuficientes, gracias a la agricultura, a la ganadería, a la artesanía y también, gracias a los miles de apadrinamientos que las niñas y niños tibetanos han reicibido durante años para garantizar su escolarización, hoy en día sufren el azote del desempleo, la sobrepoblación, y la saturación de los servicios e infraestructuras. 50 años de exilio son muchos años para vivir en campamentos de refugiados.

 

 

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