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TÍBET, crónica de una ocupación

 

Durante 1949 y 1950 el Tíbet, una nación independiente del tamaño de Europa Occidental, fue invadido por China. Desde entonces, el pueblo tibetano vive marginado en su propio país, la cultura tibetana ha sido severamente restringida, y cientos de miles de tibetanos han muerto como resultado de la ocupación, debido al empleo sistemático dela tortura, las ejecuciones sumarias, los suicidios y la inanición.

Hoy en día China les sigue negando sus derechos fundamentales mientras expolia sus ricos recursos naturales. El simple hecho de mencionar las palabras "Tíbet Libre" o de mostrar una bandera nacional tibetana puede llevar a la detención, tortura y encarcelamiento.

La libertad de culto se ​​ha restringido cada vez más: los monjes y monjas siguen siendo golpeados, detenidos y encarcelados por negarse a denunciar al Dalai Lama, su líder espiritual y temporal.

En la actualidad, el Tíbet está estrictamente gobernado por la dictadura del Partido Comunista Chino, con el apoyo activo del ejército, el cual perpetúa la ocupación y garantiza la represión, mediante la presencia de al menos un cuarto de millón de tropas.

Desde 2006, altos dirigentes del Partido Comunista de China han intensificado sus esfuerzos contra la "lucha anti-separatista" en el Tíbet, lo cual indica su determinación de acabar con todas aquellas voces y acciones disidentes. En una reunión en Lhasa, en mayo de 2006, el entonces nuevo secretario del Partido de la Región Autónoma del Tíbet (TAR), Zhang Qingli, pidió expresamente la intensificación de la campaña política de " educación patriótica". Según sus propias palabras, el Partido está comprometido en una "lucha a muerte" contra el Dalai Lama y sus seguidores (fuente: Xinhua).

Desde que el Partido Comunista Chino pusiera en marcha en 1999 la llamada “Estrategia de Desarrollo Occidental”, el Tíbet está siendo objeto de una profunda transformación y alienación. Esta estrategia incluye grandes proyectos industriales y de infraestructura, que son la piedra angular de lo que es el ferrocarril entre China y el Tíbet. Este tipo de proyectos, incluidas la construcción de mega presas y de minas, cuando se llevan a cabo por potencias dominantes en países en vías de desarrollo, en zonas de conflicto y/o en países donde no prima el respeto a los derechos fundamentales, son siempre a costa de la población local y las comunidades autóctonas, y no en beneficio de ellas.

Los tibetanos, además, se enfrentan al reto de las motivaciones políticas que se esconden tras la promoción del desarrollo del Tíbet. Aunque oficialmente el objetivo de la Estrategia de Desarrollo Occidental es reducir la disparidad económica entre la costa Este más rica de China y las provincias occidentales más pobres, la verdadera motivación del Plan no es otro que consolidar el control político de China en las zonas fronterizas occidentales, incluyendo el Tíbet. La gran mayoría de los tibetanos no se están beneficiando de este rápido desarrollo, sino que cada vez se encuentran más marginados económicamente, socialmente, así como políticamente.

Teniendo en cuenta este clima de marginación, el Partido Comunista Chino tiene poco que ofrecer a los tibetanos, a excepción de la represión. En China, por lo general, el panorama es muy similar. El movimiento por la democracia continúa siendo brutalmente aplastado y la imagen de una plaza de Tiananmen tomada por los tanques es todavía una cicatriz abierta. El puño de hierro de Deng Xiaoping continúa.

Los líderes de la quinta generación de China, que tomaron el mando en 2012, por el momento continúan aplicando la misma política represiva. En agosto de 2013, el New York Times informó que los cuadros del Partido Comunista Chino habían estado llenando salas de conferencias por toda China con el objeto de difundir una sombría advertencia secreta, que se cree que fue emitida por el recientemente nombrado presidente de China, Xi Jinping. "El poder podría escapar de su control, se les dijo, a menos que el Partido erradicara las siete corrientes subversivas que cursaban a través de la sociedad china." Estos “siete peligros” se referían a la "democracia constitucional occidental", la promoción de "valores universales" de los derechos humanos, el estilo occidental de medios de comunicación independientes  y participación ciudadana,  el "neo-liberalismo" pro-mercado, y las críticas "nihilistas" del pasado traumático del partido".

 

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